En este mundo no existen las coincidencias, sólo puede haber lo inevitable.
Inevitable fue que tropezáramos el uno con el otro,
que nos llamáramos con las almas,
que después, sintiéndolo y no pensando, uniéramos nuestros cuerpos.
Inevitable fue el miedo al dolor;
pensar que nuestro espejo de ilusiones se quebraría
y tener que seguir la vida sin la compañía de tus pasos.
Luego las preguntas que amenazaban la calma.
La más persistente:
¿Seremos uno en el futuro?
Hoy las respuestas:
Tú.
Yo.
Nosotros.
El principio de nuestro propio
“Y vivieron felices por siempre”.