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jueves, 8 de noviembre de 2012

Gracias por Guanajuato





En este mundo no existen las coincidencias, sólo puede haber lo inevitable
Inevitable fue que tropezáramos el uno con el otro, 
que nos llamáramos con las almas, 
que después, sintiéndolo y no pensando, uniéramos nuestros cuerpos. 
Inevitable fue el miedo al dolor; 
pensar que nuestro espejo de ilusiones se quebraría 
y tener que seguir la vida sin la compañía de tus pasos. 

Luego las preguntas que amenazaban la calma. 
La más persistente: 
¿Seremos uno en el futuro? 

Hoy las respuestas: 
Tú. 
Yo. 
Nosotros. 
El principio de nuestro propio 
“Y vivieron felices por siempre”.

sábado, 4 de agosto de 2012

...

"Aún me siento como la irreverente persona que conociste durante ese invierno, intentando mantener una conversación interesante con el fin de que no te fueras. 

Recuerdo fotográficamente la primera vez que reconocí tu cara entre tanta gente. En ocasiones todavía me siento como una torpe al recordar los pretextos para invitarte a caminar por algún parque de la ciudad o en nuestro café preferido."

jueves, 3 de mayo de 2012

La paz es la ausencia de la guerra

Me supe enredada en los sueños de ayer.

Las olas de olvido que disipó el recuerdo
se cruzaron en sus ojos
y sus ojos en los míos.

Entonces la tregua.

Un acuerdo de paz
donde firmamos callar los nombres del pasado,
sustituirlos con los nuestros.

Ahora caminamos con un parche tóxico
fingimos la armonía
los besos no son falsos
sino inexistentes.

Hace unas horas supe el porqué:
aún las sombras,
su asfixia apremiante cobijándole la mente
junto al futuro mío que se deslava.

Cada vez somos menos nuestros...

La guerra se lleva a la cama en silencio
donde nadie pierde
pues ahogados en la espesura es difícil atacar.

Entonces armamos un nuevo cuartel
donde la dicha dice que el monstruo es el pasado
que hay que borrar las últimas huellas de su estadía
sin embargo el daño es innegable.

Estamos rotos.

Más rotos que las fotos
y las cartas
y los últimos cristales que acuñamos de la historia.

El enemigo es el ayer
aunado a la memoria
que insta
que acosa
que grita un NUNCA MÁS a la pregunta
¿Cuándo vas a irte?

De una vez por todas dije NUNCA MÁS
y me vi atada a las sombras
fui parte de las sombras
soy un sueño de ayer.

sábado, 21 de enero de 2012

Felicidades PoesíaYTrayecto y Letras de arena

Resumen: Motivo de las felicitaciones / Paréntesis donde "yo poeta" forjo un reclamo / Remix poético / Video / Disculpitas. 

Ahora ¡Lean, creaturitas del señor!



Motivo de las felicitaciones:
En enero y febrero se cumplen dos aniversarios muy importantes para los palabreros, el de PoesíaYTrayecto (en DF) y el del colectivo Letras de Arena (en Veracruz). Como estimo sobremanera a los emprendedores de estos colectivos decidí que para la lectura de aniversario, realizada en el Malasangre, dedicaría mi tiempo de lectura a un poema de cada uno y finalizaría con otro de creación propia en el que (por cierto) declamo mi inconformidad con lo que se hace aquí en Guadalajara en cuanto a la poesía.

"Yo poeta" forjo un reclamo:
(Abro un paréntesis para quejarme [como todo buen poeta] porque aquí en Gdl. todo es espectáculo. Creo que lo que se hace no es para acercar a la gente a las letras sino para darse a conocer como "poetas" [ahí dispensarán la rima interna] y también creo que si en algún momento llegamos a hacer aquí algo como lo que PoesíaYTrayecto o Letras de Arena hacen allá por sus lares habremos triunfado. Cierro paréntesis y les paso el remix poético que me aventé).


 Remix poético:
El poeta es un revolver

I

En México DistritoFederal 
Karlos Atl afirma que
La realidad arrebata
en su estado de ocultación y encubrimiento:
apunta hacia las palabras y las hojas,
desgatilla el aliento del arma sobre la historia,
habla de ficciones, muertes y engaños.

Metralla los arboles,
apunta hacia los textos
que queden todos deshojados.
Él, poeta, hará que corras hacia la muerte
para comprobar tu condición de hombre,
él, poeta, hará que des la vida
para que no te coja la muerte.
Estas, poetas, son nuestras armas:
balas y metrallas.

La realidad arrebata:
déjalos que se maten solos.

¡Y qué tal si nos matamos juntos!
Amarra el revólver de tu mano, dice,
mientras él mete las balas
a tu primer momento liquido.

En un árbol hemos (los poetas) sido sembrados
nos descolgaron las balas y metrallas

para gritar poemas al alimón garcialorquianos,
para gruñir quebrantahuesos roquedaltianos,
para rezar a cadáveres exquisitos bretonianos,
para narcotraficar con  palabras.
Tus metrallas nos deshojaron
como deshojaron a Bolívar,
a Martí o a Guevara
la puntería de tus balas
"intempestivamente
por la puerta trasera
forzados
sin poner ni discutir las reglas del juego
maniatados al momento*,
nos deshojaron

El poeta sabe
que el dolor del mundo
es más grande que su propia congoja",
el poeta es un revólver en medio del dolor del mundo.



II 

Por su parte, en Coatzacoalcos, Jesús Gallegos “Mosca”
sabe que aunque  apuntes al poeta con un revolver en la frente
Él te apuntará con relámpagos al corazón

Un revólver escupiendo tu nombre
Un revólver escupiéndole a tu nombre
Un revólver apuntando a la luna de tus ojos
Un revólver hablando con sus amigos incendiándose
Un revólver bañado en tus besos
Un revólver bañado en tus besos azules
Un revólver comiendo la tristeza en la tumba de tus uñas
Un revólver danzando en tus labios
Un revólver riéndose con tus costillas perfumadas de muerte
Un revólver desnudándose en las pupilas de la madrugada
Un revólver incinerando mis huesos en el desierto
Un revólver con tu nombre escrito en el cañón
Un revólver con tu nombre escrito en oro en el cañón
Un revólver un revólver consumiéndose en tu gemidos
Un revólver diciéndome cosas al oído de mi futuro
Un revólver
diciéndome al oído que no tengo futuro
Un revólver negro
Un revólver mortalmente negro
Un revólver rezándole a mis amigos muertos
pero ellos no están muertos
no están azul ni noche
no están en los diarios ni luna
no están locos ni poetas
están aquí
Un revólver que patalea en mi vientre
Un revólver que es un feto estrellándose con el mundo
Un revólver apuntándole a la sien de mis fantasmas
Un revólver apuntándole a mis amigos
que no están luz ni santos
ni esqueleto ni toro
Un revólver gritando que no me importa si creen que dispararé o no
Un revólver que grita que somos pequeños revólveres apuntándole al mundo
porque el poeta es un revolver, en medio del dolor del mundo.


III

Y yo, que te veo aquí sentado, pregunto:
¿De qué te sirve ser revolver?
¿De qué te sirve ser poeta?
forjar las palabras hasta labrar un reclamo
llenarte el estómago de enojaciones y escupirlos por la garganta al cielo
en busca de un niño que juegue en el suelo al cual romperle las ilusiones

¿de qué te sirve lavarte las manos con metáforas
después de haber escrito injurias en la fachada de la casa de tu ex novia?
atiborrárnos de figuras para acallarte la conciencia
¿de qué te sirve ser poeta
cuando este mundo necesita un abrazo, que no un arma?
¿de qué nos sirven tus palabras, 
derramadas 
como vómito sobre las esperanzas que nos quedan?

¿De qué te sirve ser poeta! 

Dime, amigo, de qué te sirve jalar el gatillo 
cuando tus palabras son salvas que duelen
pero no matan

De qué te sirve ser revolver
si tienes la mira rota
y tus balabras nunca
alcanzarán
al objetivo.

Video:


 Disculpitas:
Debido a que no me aprendí los textos caí en el mismo error de siempre: correr con la voz mientras leía. Siempre me pasa cuando estoy nerviosa y, lo crean o no, aun me pongo nerviosa. Cuando leo en voz alta lo único en lo que pienso -mal por mí- es bajar del escenario y esconderme bajo la mesa más cercana. Así que por favor, dispénsenme que no me entienda bien en el video. Lo bueno es que el texto está escrito arriba.

También por la pedrada a los que la sintieron. Y es que no saben, pero 3 personas, al finalizar el evento, se me acercaron. Dos, a manera de broma, dijeron: "Gracias por lo que nos toca" y "aún sangro por la pedrada", respectivamente; mientras que el tercero lo hizo a manera de pregunta.

Respondo también: La intención no era aventarles una piedra, era demostrar mi inconformidad con las acciones poéticas que realizamos en la ciudad y lo que nos (me incluyo) motiva.

Pensándolo bien, no me disculpo: Dejémonos de cosas y pongámonos a crear, creer y crecer.

Seleneypunto.



miércoles, 28 de diciembre de 2011

Dicen que...


Para que la traición exista debe haber confianza

y yo me pregunto
¿Desde hace cuánto es imposible la traición entre nosotros?


lunes, 19 de diciembre de 2011

¡Dalila! ¡Catalino! ¿Cuál es la diferencia?

Catalino es un nombre que no tiene cuerpo.  Catalino  es la palabra que a diario me visita pero jmás se queda a dormir.  Catalino  son ocho letras formadas por cuchillos. Catalino es el principio de la música y el fin de la plegaria. [...] Catalino se pronuncia degollando la lengua, y luego acariciándola. Es el nombre que inventar para ocultar el otro: el innombrable, aquel que sepulté para ya no decirlo ni pensarlo ni escribirlo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

martes, 13 de septiembre de 2011

Prórroga perpetua

Fernanda corrió entre el caos que poblaba las calles con la esperanza de alcanzarlo pero, a pesar de dejar atrás a Julieta, fue en vano; bajo la escultura tiritaban de frío un par de hombres: ninguno era él.
            –Otra vez me manda a buzón –dijo tras marcar el celular por décima vez. Julieta no contestó. También Fernanda guardó silencio.
            –¡Mierda! –se quejó Julieta después de un rato–: Tengo agua hasta el culo y este pendejo no llega. ¡Chingadamadre! ¿Nos podemos ir ya?
Fernanda le lanzó una mirada reprobatoria.
–Quedamos a las seis y ve la hora que es –le recordó a su amiga, conciliadora. Le hubiera gritado pero también se sentía culpable del granizo que le dejó a la chica un arañazo rojo en la mejilla.
–Uuuuy, qué mal me siento por haber hecho esperar doce minutos al hijo de puta –ironizó con los ojos en el reloj–. Te aviso, cuando lo vea le meteré un putazo que hasta sus nietos preguntarán por qué se soba.
–¿Y a él por qué?
–¿Cómo que por qué? Desde que se enteró no ha hecho otra cosa que sacarte la vuelta.
–Ha tenido cosas que hacer –lo disculpó–. Es un hombre muy ocupado. La escuela, el trabajo…
–Sabes qué, ya cállate, Fernanda. No puede ser que estés tan ciega.
Fernanda no entendía por qué Julieta estaba tan molesta. Después de todo la culpable de que estuvieran empapadas y no haber llegado a tiempo era ella, Joaquín no tenía nada que ver.
–Eres muy injusta con él.
–¿Injusta yo? –se indignó Julieta–. Para tu suerte eres momentáneamente inmune –aseguró mirándole el vientre–. Siete meses más y te mostraré lo que es ser injusta, a bola de madrazos.
Siguió silencio. Ya había pasado una hora y Joaquín no aparecía; tampoco contestaba el celular. Fernanda tenía miedo de que él la castigara con el silencio, justo ahora que más lo necesitaba.
–¿Ya nos podemos ir? –volvió a preguntar Julieta, calmada con el silencio de los minutos bajo la lluvia.
–¿Y si el camión se atrasó por la lluvia? Esas cosas pasan. El tráfico se pone pesado y…
–Ay no puede ser –exclamó, incrédula. Hizo un gesto con la mano indicándole que se callara, se abrazó el cuerpo y no dijo más.
Cada vez había más hombres bajo la escultura esperando el cese del agua. Fernanda recorrió cada rincón con la mirada por si él estaba ahí, buscándola sin encontrarla.
Nada.
–¡Puta madre! –saltó de nuevo Julieta–. Tengo un pinche frío que no puedo con él. –Cuando el viento arreció, Julieta estaba casi morada y no paraba de temblar–. No puedo creer que estés tan tranquila. Deberías pensar más en ti e irte a dar un baño. Yo como sea, pero a ti, Fernanda, te va a hacer daño.
–¿Y si me voy y llega? Va a pensar que no me interesa y esto es muy importante.
–¿Sabes qué? Tú nomás no aprendes. Ahí espéralo si quieres, yo me voy  –anunció.
Y así lo hizo.
Casi de inmediato surgió en el interior de Fernanda una anguila que le nadó por el cuerpo. Se arrastraba en una corriente de tristeza y, precisamente, se le atoró en el cuello cuando Julieta tomó el taxi hacia su casa.
No supo si las gotas que le bañaban la cara escurrían de su cabello o de sus ojos.
Ya eran las ocho y diez. Ahora la escultura estaba vacía.

domingo, 28 de agosto de 2011

Sigo namorada de Guadalajara


Me gusta la ciudad, 
su aire turbio y carente, 
a tope de polvo 
y su gente 
lejos.


Me gusta la ciudad 
oscura del cielo
cubierta con puntos 
diminutos 
de luz
Los coches
y los recuerdos
todo lo que signifique un paso más
y otro
y otro paso 
porque es distancia.


Punta y talón sobre el asfalto 
y me estalla un recuerdo


Porque soy ciudad
y ésta me pertenece


No soy de nadie 
pero ella es mía
me la he ganado.


Ahora 
estoy a punto 
de derramarme 
de momentos 
fragmentados
sólo así puedo acomodarlos dentro de mi cuerpo-calle


¿Y los fantasmas que me habitan?
dejaron de ser personas cuando los maté de mis caminos
ahora 
sombras que pretenden cobijarme
porque son
porque sienten
porque piensan que estoy muerta
son hombres sombra fantasmas/señoras miseria/niños oxidados
y me asustan
los muertos no hacen daño


A veces les contesto -en el idioma de los muertos-
 I ain't lost, just wandering"
y floto con mis aires densos 
vagando lejana
en mí.

miércoles, 10 de agosto de 2011

martes, 9 de agosto de 2011

Léase el siguiente como un suspiro:

07/08/2011


¡Ay, Luis Alejandro! Así desde el cielo,
como en la tierra,
tenías que hacer tu voluntad.



Ahora cumple mi capricho y descansa en paz

jueves, 4 de agosto de 2011

Edmeé hurgó en mi cabeza y dijo:

Soñé que caía en el espacio
Y el espacio era demasiado grande para abarcarlo

Yo era demasiado grande para ser abarcada
Éramos dos enormidades visitándonos mutuamente
Inquietándonos, retándonos a adaptarnos a nuestra mutua presencia
A evolucionar aceptando lo inevitable: el cambio


Éramos dos vértigos
Resistiéndose a aceptarse
Atrayéndose simultáneamente

¡Vaya! Esto más que sueño
Ya parece una historia de amor.

viernes, 29 de julio de 2011

Epitafio

La sombra le dijo: 

Limítate a vivir; ese es tu trabajo. Cuando llegue tu hora, yo vendré a buscarte. Ese es mi trabajo. 

Ninguno de los dos dejó de cumplir con sus obligaciones.




domingo, 17 de julio de 2011

Ñoña mil

 Un escritor y poeta, cuyo nombre y cita exacta no recuerdo (qué precisión la mía :D) dijo: "Tomo lo mío donde lo encuentro" refiriéndose al plagio que solía cometer. 

Así pues, sin más desvíos, a continuación un ensayo crítico que no puedo dejar de compartir. Siento que éste lo escribí yo en mi cabeza, aun así no le quitaré crédito a Verónica Murguía que lo hizo en un medio más tangible xD


Después del final de Harry Potter

Verónica Murguía

UN COMENTARIO ACERCA DEL DESENLACE
Para Maia y Juana Inés, que leen con pasión

–Si lo conozco, habrá arreglado las cosas de tal manera, que cuando llegue el momento de enfrentar su muerte eso significará, verdaderamente, el fin de Voldemort.
Dumbledore abrió los ojos. Snape parecía horrorizado.
–¿Lo ha mantenido vivo sólo para que muera en el momento justo?
–Que no te sorprenda, Severus. ¿Cuántos hombres y mujeres has visto morir?
–Últimamente, sólo aquellos a quienes no pude salvar –contestó Snape. Se puso de pie.
–Usted me ha usado.
–¿Qué quieres decir?
–Yo he espiado por usted, mentido por usted, me he puesto en peligro mortal por usted. Todo, se suponía, era para conservar al hijo de Lily Potter a salvo. Ahora usted me dice que lo ha criado como un cerdo para el matadero…
Harry Potter and Deathly Shallows

Este diálogo entre el benévolo Albus Dumbledore y el trágico Severus Snape ocurre en el capítulo treinta y tres del séptimo libro de la serie, Harry Potter and the Deathly Hallows. Un intercambio que habría resultado inconcebible en cualquiera de las seis entregas anteriores. Sin embargo, cuando llegamos allí, aparece ante los ojos del lector como los finales que exigía Horacio Quiroga de los buenos escritores de cuentos: sorpresivamente y, al mismo tiempo, de forma natural. Porque es natural que la gente sea contradictoria, imperfecta. Que Dumbledore no sea sólo bueno, inteligente y generoso, sino un hombre que a veces, por servir al interés superior , se aproxime a la traición. Que Snape, y ya lo sospechábamos muchos, sea, en realidad, el personaje más interesante y atractivo de la historia; un hombre lleno de secretos y pulsiones ocultas.

Al concluir la saga fabulosa que mantuvo en vilo a millones de lectores durante diez años, J.K. Rowling, inevitablemente, desilusionó a miles de fanáticos por su decisión de conservar vivo a Harry Potter. Algunos apostábamos por la destrucción simultánea, idea esbozada en el duelo final entre Harry y Voldemort en el libro cuarto, Harry Potter y el cáliz de fuego, en el que leímos que las varitas mágicas de los dos –veintiocho centímetros, madera de acebo y una pluma de fénix para Harry, y treinta y cuatro centímetros, madera de tejo y pluma de fénix para Voldemort– se asemejaban en potencia y cualidades. La conexión entre Voldemort y Harry, evidente en la cicatriz que le dejó cuando era un bebé, se fortalecía con el tiempo. Harry no sólo sentía la presencia del Señor Oscuro: sabía lo que deseaba y hasta compartía sus visiones.Por supuesto en la relación entre estos dos magos hay tensiones y una sorda violencia. Lo que les exige la lucha contra el Señor Oscuro es, ni más ni menos, el sacrificio absoluto de sus vidas y, a veces, de las vidas de quienes los rodean. En estas condiciones, y aunque Dumbledore esté muerto, es imposible que no se susciten amargas discusiones. Para aquellos que no conocen Hogwarts, Dumbledore se comunica con Snape a través de su retrato, colgado junto a los de los otros rectores de la escuela, en la oficina del director.

Era lógico, como se advierte en el diálogo del epígrafe, que la muerte compartida fuera una posibilidad para Dumbledore.

Pero Harry Potter finalmente no sólo fue “el niño que vivió”. También sobrevivió a Voldemort, y se casó con Ginny Weasley, asunto del que nos enteramos en un, eso sí, muy meloso epílogo que nos muestra al radiante matrimonio diecinueve años después de la batalla final.

Tal vez el epílogo no me gustó porque J. K. Rowling, como John Le Carré, otro escritor igualmente diestro en el arduo trabajo de sostener series y también consumado pintor de atmósferas, tiene problemas para interesarnos en la vida amorosa de sus personajes. La tensión entre Harry y Cho, por ejemplo, bien dibujada en el quinto libro, decae en el sexto.

La revelación de que Ginny es su amor verdadero, en verdad, bien preparada –Harry, por ejemplo, al oler la poción Felix Felicis, que para cada persona tiene distinto aroma, la fragancia de lo que más le gusta en el mundo, inhaló algo que “le recordaba al mismo tiempo el pastel de melaza, el olor a madera del mango de una escoba, y algo floral que podía haber olido en The Burrow”, la casa de Ginny–, no es gratuita. Pero la manifestación, por fin, del tenue fantasma apenas esbozado en Harry Potter y la cámara secreta, la expresión del amor infantil que crece y se transforma, merecía, en mi opinión, más. Más tiempo juntos, más precisiones, más sentido del humor. Pero las escenas amorosas, incluso aquellas sazonadas por el miedo a la pérdida, palidecen en comparación con las que describen a Harry en compañía de Ron y Hermione.

Además, me incomodó el epílogo porque describe un mundo de “valores familiares”. La familia feliz, la sociedad armoniosa, el injusto secreto que pervive. Después de una historia en la que los héroes son marginales, como Hagrid o Remus; desclasados, como Sirius, o solitarios como Mad Eye Moody, al final nos encontramos inmersos en un escenario de tersa concordia. Y lo más injusto: el sacrificio de Snape no es reconocido, aunque sin su colaboración con Dumbledore, Voldemort habría ganado.

Si J.K. Rowling fue capaz de traer a Harry de entre los muertos, ¿por qué no rindió homenaje al personaje más heroico, más trágico, al hombre que corrió el riesgo, por el bien del mundo mágico, de engañar a Voldemort?
***
Aun así, la supervivencia de Harry me pareció justa, aunque por lo general, en los libros de fantasía, no se resucita a nadie. Una de las reglas no escritas, casi siempre acatada, es que la muerte, como en la vida real, es definitiva. Pero Harry, semejante a Ulises, logra regresar. Igual que Ulises, habló con los muertos, sorteó las emboscadas de la magia, el odio de seres más poderosos, y vivió.

Escribo crecían con deliberación, pues en el primer tomo, si Harry era un niño, Voldemort era una especie de nonato monstruoso, oculto bajo el turbante maloliente que cubría siempre la cabeza del cobarde profesor Quirrell. Pero Voldemort consigue mantener vivo ese cuerpo raquítico y lo fortalece hasta convertirse en un hombre serpentino y poderoso cuyo placer es la destrucción.Para algunos críticos, este final moderadamente feliz (pues antes del epílogo se muere medio mundo, y horriblemente, además), desmiente y traiciona el tono cada vez más sombrío que las historias adquirieron mientras Harry –y Voldemort– crecían. 

¿En qué consistiría la traición a esta trama cuidadosamente urdida, cada vez, es cierto, más oscura y densa? No en llenar Harry Potter and the Deathly Hallows de soluciones facilonas o gratuitas, aunque hay detalles que revelan cierta fatiga: la repentina solidaridad del primo Dudley, quien en Harry Potter y la Orden del Fénix,después de haber sido rescatado por Harry de los dementores que ya se inclinaban sobre él para sustraerle el alma, no duda en calumniar a su primo y acusarlo de hacer magia para dañarlo. No, la traición para ciertos lectores, consistió en dejar que Harry Potter viviera.

A mí, por lo menos, no me lo pareció. Este cierre que, como digo, revela en algunas páginas un dejo de cansancio, me gustó, aunque quizás no tanto como los otros libros. Por ejemplo, me costó trabajo creer que Dudley Dursley, un adolescente que osciló siempre entre la agresividad y la inacción absoluta frente al televisor, verdugo de Harry desde la niñez, inesperadamente se preocupara por el destino de su primo, obviamente amenazado. En esta escena es Harry Potter, cuya personalidad se ha hecho cada vez más ácida, quien contesta mordazmente mientras Dudley se ensimisma en una pesada apariencia de estupidez, un poco cargada de tintas.

Pero a pesar de esto, la sabrosa sensación de que todo cae en su lugar (de nuevo cito a Quiroga) de manera sorpresiva y natural; de identificar las razones, las pequeñas señales ocultas que la autora sembró en casi cuatro mil páginas, estuvo allí durante toda la lectura. Los protagonistas descubren su pasado, sus miedos, tienen salidas de tono: los pueblos mágicos, los gigantes, los centauros, escogen de qué lado están en la batalla final. Cuando en esta acelerada carrera hacia el combate ulterior se dan algunas pausas, la pluma deliciosa, en momentos genuinamente dickensiana, de J.K. Rowling nos recuerda por qué luchan los personajes. Arthur Machen escribió, en un ensayo compacto y claro como un diamante, titulado “Los hostales de Dickens”, reflexiones acerca de los contrastes entre el frío y la oscuridad; entre el mundo y el calor de la chimenea, recreados con tanta felicidad por los escritores ingleses.

Nadie como Dickens, afirma Machen, ha descrito estos placeres: “ahí está la escenografía: niebla, bruma, oscuridad espesa o nieve en torbellinos, lluvia briosa, bestias que hacen temblar las viejas casas a las que enfrentan; ante todo esto, un refugio seguro y cómodo, el abrigo, el brillo del calor, la esquina más cómoda en la taberna –y algo para alegrarnos el corazón.” Es esa felicidad frente a la chimenea lo que aman Bilbo y Frodo, los protagonistas de El señor de los anillos, así como Lyra, la pequeña heroína de la trilogía Sus oscuros materiales de Phillip Pullman.

Así, cuando Harry trata bien a Kreacher, el elfo de la casa Black, éste depone su repugnancia y dedica sus esfuerzos a brindarle un refugio: “La cocina estaba casi irreconocible. Todas las superficies brillaban: las ollas y sartenes de cobre habían sido pulidas hasta darles un centelleo rosado, la madera de la mesa relucía, las copas y los platos, ya puestos para la cena destellaban a la luz de un fuego alegre y vivo, sobre el que burbujeaba un caldero.” En discordancia, además del frío físico, el moral: el retrato de la sociedad mágica aterrorizada, la idea del gobierno bajo un encantamiento que los obliga a obedecer a Voldemort y que da órdenes injustas, además de la desaparición del señor Ollivander, el fabricante de varitas mágicas, que en ese mundo equivale a un experto en armamento.

J.K. Rowling ya no nos oculta horrores: un cadáver se mueve gracias a una serpiente colosal que se esconde en su interior; la Resistencia dentro de Hogwarts, conformada en su mayoría por niños, es diezmada y torturada; el pasado familiar de los personajes, incluido el de Dumbledore, aparece en toda su crudeza, y Ron sospecha que Harry y Hermione ¡andan a sus espaldas!

La atmósfera claustrofóbica de la clandestinidad pone a prueba las amistades, a las familias, y obliga a los personajes a enfrentar las asperezas de trato que en circunstancias normales no tendrían importancia, pero que en medio de los peligros, la soledad y el miedo, revelan el yo recóndito de cada quien.

Hay cuestiones éticas de peso que se examinan a lo largo del libro: ¿dónde está el límite entre la lealtad familiar y la libertad individual? ¿Qué hacemos ante los errores de juicio de nuestra adolescencia?

En una de las escaramuzas iniciales, Harry se enfrenta a un conocido: Stanley Shunpike, ayudante del chofer del Knight Bus. Stanley se encuentra hechizado. Harry, aunque esa maniobra lo delata, se niega a matarlo y sólo lo desarma. Después, en un agrio diálogo con Remus Lupin, éste le recomienda contestar los hechizos mortales con otros igualmente peligrosos: “¿Así que tú crees que yo debía haber matado a Stanley Shunpike?”, pregunta Harry, furioso. Lupin contesta automáticamente que no, pero luego persiste en su consejo. “No voy a matar gente sólo porque se atraviesen en mi camino, dijo Harry. Ese es el trabajo de Voldemort.”

Es por esto, entre mil cosas más, que amo a Harry Potter. Me alegra que viva. No puedo juzgar la saga por un epílogo melcochoso de tres páginas. Además, esa vida, la de la sopa frente a la chimenea, me parece recompensa suficiente para cualquier personaje épico. Y para cualquiera de nosotros.

La vida normal es un anhelo amenazado por nuestra crueldad, por elementos naturales y gobiernos corruptos. La vida normal. Una aspiración cada vez más rara y deseada.