jueves, 3 de mayo de 2012

La paz es la ausencia de la guerra

Me supe enredada en los sueños de ayer.

Las olas de olvido que disipó el recuerdo
se cruzaron en sus ojos
y sus ojos en los míos.

Entonces la tregua.

Un acuerdo de paz
donde firmamos callar los nombres del pasado,
sustituirlos con los nuestros.

Ahora caminamos con un parche tóxico
fingimos la armonía
los besos no son falsos
sino inexistentes.

Hace unas horas supe el porqué:
aún las sombras,
su asfixia apremiante cobijándole la mente
junto al futuro mío que se deslava.

Cada vez somos menos nuestros...

La guerra se lleva a la cama en silencio
donde nadie pierde
pues ahogados en la espesura es difícil atacar.

Entonces armamos un nuevo cuartel
donde la dicha dice que el monstruo es el pasado
que hay que borrar las últimas huellas de su estadía
sin embargo el daño es innegable.

Estamos rotos.

Más rotos que las fotos
y las cartas
y los últimos cristales que acuñamos de la historia.

El enemigo es el ayer
aunado a la memoria
que insta
que acosa
que grita un NUNCA MÁS a la pregunta
¿Cuándo vas a irte?

De una vez por todas dije NUNCA MÁS
y me vi atada a las sombras
fui parte de las sombras
soy un sueño de ayer.

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