lunes, 25 de marzo de 2013

DramaDramaDrama

A veces me pregunto si de vez en cuando lloras y si, con la puerta cerrada de tu habitación y las bocinas de la computadora a todo volumen, dejas que corra el llanto. Con los recuerdos acribillándote la nuca y la mirada absorta en un punto inexistente a través del librero, ¿me piensas?

Yo de vez en cuando te recuerdo. Y lloro. Trato de desprenderme con las uñas las enseñanzas que me dejaste en cada centímetro de piel y me arranco el cuero cabelludo para ver si las ideas que me enterraste en la mente salen por los poros; sin embargo, sólo descubro lo adentro que estás.

No podría entenderme sin recurrir a ti. Desde que te conocí soy también un laberinto. Nunca encontré tu centro y me rendí; hoy que intento visitar mi punto de equilibrio encuentro sólo un nudo. No puede ser ese mi centro. Quizá es el tuyo.

No me has olvidado, lo sé. También pinté con aguja y tinta parte de mí en tu espíritu: esos poemas no se borran. Mas que no me olvides no significa que me recuerdes. Quizá hiciste de esos poemas un libro con tu nombre y, tras publicarlo te olvidaste de él. 

Quisiera ser tan fuerte como me obligaste a ser cuando te fuiste, pero año y medio me ha hecho blanda. Como una hoja seca me he partido en varios trozos. ¿Cuando sea polvo a dónde iré a parar? Ojalá que al limonero de tu patio trasero para colarme a discreción por el pasillo que da a tu cuarto y así ver si cuando estás a solas te atreves a llorar.