cubren con su cobija de hollín
las tejas que el viento no ha humedecido;
su peso, tan grande,
impide avivar la llama.
Hoja tras hoja
las letras arden
y mueren.
En la mente sólo queda a marca de agua
una fotografía del recuerdo
que no el recuerdo mismo.
No depende de la lluvia el cese de la llama.
Es una ráfaga insondable la vida,
la vida y su frialdad de nieve
siempre ganarán al fuego la batalla.
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