Me fue dado el don de la palabra
para herir y sanar
y suelo pasar
de Osito Cariñosito a Bestia
en tan sólo un segundo.
Por eso
cuando me enojo
no hablo.
Me alejo durante un rato a un rincón tranquilo
donde a veces escribo
y a veces sólo pienso en lo que acaba de pasar,
pero eso sí:
siempre silenciosa,
pues si digo palabra en momentos de ira
tiendo a herir con el veneno que guardo en la boca.
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