Me fue dado el don de la aceptación. Acepto tener amigos ladrones, mientras no me roben; drogadictos, mientras no me insten a drogarme; golpeadores, mientras no me pongan un dedo encima; mentirosos, mientras no me vengan con mentiras... Lástima de aquel que no acepta mi disgusto por los puntos anteriores pues al que me roba le rebano los dedos, al que me insiste con el porro le retiro la compañía, el que me pone un dedo encima se queda sin cara y al que me miente le retiro la confianza; perder mi confianza es perder todo aquello que hemos construido juntos y la posibilidad de la amistad.
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