Ahí están los residuos de la desconfianza
rezagados por el piso
en forma de zapatos, libros, promesas, ropa sucia.
Ahí está la desgana soplando fuerte
apuntándome a la sien
dice dispara, dispara;
la dejo caer por la punta de los dedos
cuando miro de frente la esperanza dormida.
Bajo el arma y con ella los descuidos,
la fe en la carne,
las horas muertas.
Ésta es mi cura:
Distancia.
Hay que ser en el arte como se es en la vida ★Selene★ Escribo para herir y sanar
miércoles, 12 de febrero de 2014
martes, 21 de enero de 2014
sábado, 21 de diciembre de 2013
Mes uno:
Rompes el silencio con tu voz inmadura y tornas cálido el invierno
nuestros desvelos cubren un ritual para calmar tus ansias.
La sonrisa que arrojas nos devora
nos perpetua en este segundo impalpable
que lo es todo,
enorme milagro del Dios que venero
tu naturaleza,
mis miedos,
nuestras fallas
Torbellino, lo destruiste todo
(la incompetencia no existe ante tus necesidades)
nos incendias
nos vuelves ceniza
para renacer a tu costado.
nuestros desvelos cubren un ritual para calmar tus ansias.
La sonrisa que arrojas nos devora
nos perpetua en este segundo impalpable
que lo es todo,
enorme milagro del Dios que venero
tu naturaleza,
mis miedos,
nuestras fallas
Torbellino, lo destruiste todo
(la incompetencia no existe ante tus necesidades)
nos incendias
nos vuelves ceniza
para renacer a tu costado.
sábado, 9 de noviembre de 2013
Niebla:
Han pasado treinta y tres días desde tu muerte y no puedo
dejar de extrañarte. Me enseñaste en menos de seis meses lo que es el amor
verdadero y que aunque no manejábamos el mismo lenguaje podíamos entendernos y preocuparnos
infinito la una por la otra.
Viene a mi mente el suelo. Cuando lloraba silenciosamente
con el deseo de fundirme en el piso y caer a un infierno menos frío que el que
estaba viviendo; tú tomaste mi cabello entre tus dientes y tiraste de él,
obligándome a seguir pensando en la vida. Tus ojos desataron esa tarde mi
sonrisa. Quisiste lamerme la mejilla mas recordaste que “Niebla, no me gustan
los besos” y sólo te arrebujaste en mi regazo dejándome ver lo incondicional de
tu cariño.
Me enseñaste que la vida es un constante fluir de
acontecimientos que escapan de nuestras manos, que si me detengo será sólo mi
pausa, que todo seguirá moviéndose alrededor como un carrusel de feria. No te
importaba si quería pasar toda la tarde en cama lamentándome, tú tenías hambre,
querías ir al baño, necesitabas un paseo, deseabas moverte y querías que lo
hiciera contigo. Para ti no fui sólo una incubadora, fuiste la única que me
hizo sentir productiva durante el embarazo pues no te importaban mis dolores, mis ascos, mi
cansancio, tú tenías hambre, querías ir al baño, necesitabas un paseo,
necesitabas de mí. Y yo de ti.
Cuando el veterinario me dijo que no pasarías del viernes
sentí una gran tristeza presionando mis pulmones, “no te mueras, pequeñita”,
dije, y fiel a mí te mantuviste con vida.
Luego fue mi turno de ir al doctor, chequeo de rutina. Te dejé solita en casa. Las cosas se pusieron
graves y me retuvieron ahí más horas de las que consideré necesarias. Se dieron
las 8 de la noche y por fin pude regresar a casa. Cuando no saliste a buscarme
sentí frío en mi parte derecha y me invadió un miedo que antes no había
sentido.
Verte tirada en el piso, como dormida, me hizo sentir por
primera vez con dolor la muerte. Perdón por mi descuido, por no haber estado
ahí para acompañarte en las últimas horas, por no haberte dejado lamerme ni un
poco. A veces, cuando nadie mira, voy al pequeño sitio donde te enterramos y me
dedico a extrañarte. Pequeñita, donde estés guárdame un sitio, un ladrido, mil lengüetazos;
algún día he de alcanzarte y seguro entonces ya podré correr a tu ritmo. Aguarda
con paciencia mi llegada, prometo no demorar tanto esta vez.
viernes, 26 de julio de 2013
Entendimiento
Me duele tu voz en los ojos,
surcos por los que te saco
y como ráfaga regresas.
Me dueles en la punta de los dedos que lleno con agujas
para vaciarte de las manos;
en los papeles con esencia de ti
donde la tierra se vuelve pilar
y cae encima del cuerpo;
cuando te olvido me dueles
porque no hay risa que llene la alcoba
y la mitad de mi cama se hunde mientras la tuya
sin peso
se alza.
Me hieres en tu recuerdo
cuando los residuos de tu voz
acunados en algún rincón del alma mía
hacen acto de presencia bajo los párpados
y se encaja como cuchillo me duele tu voz en los ojos
y la herida derrama sangre incolora para ahogar la última imagen
al otro lado de esta distancia.
surcos por los que te saco
y como ráfaga regresas.
Me dueles en la punta de los dedos que lleno con agujas
para vaciarte de las manos;
en los papeles con esencia de ti
donde la tierra se vuelve pilar
y cae encima del cuerpo;
cuando te olvido me dueles
porque no hay risa que llene la alcoba
y la mitad de mi cama se hunde mientras la tuya
sin peso
se alza.
Me hieres en tu recuerdo
cuando los residuos de tu voz
acunados en algún rincón del alma mía
hacen acto de presencia bajo los párpados
y se encaja como cuchillo me duele tu voz en los ojos
y la herida derrama sangre incolora para ahogar la última imagen
al otro lado de esta distancia.
jueves, 30 de mayo de 2013
XV
Pude ver la lucha que se libraba detrás
de tus ojos
Las sienes gastadas de tanto pensar
Los besos se los juraste a ella,
hombre de palabra
No puedes fallarle al demonio
Pesa más que el amor el miedo
Y quién sabe a qué tormentos nos
llevaría su furia.
Escondámonos en la neblina, dijiste
con una estrella postrada en cada
ojo
Te creí como le cree el náufrago a
la orilla
Terminé arrastrándome hacia un oasis
No guardo besos en la garganta
Sólo arena.
miércoles, 29 de mayo de 2013
XII
El suelo es blando
voluble como los sueños;
El entorno, turbio,
frío como tu muerte.
La única imagen que tiene
sentido es la cruz
La tristeza del Cristo se
asemeja a mi tristeza:
grande, absurda
cada vez más
insignificante y vieja.
El sirio no se consume, me
consume a mí
Su humo va a sepultarme
como a ti la bala,
Entrará blanco a mi nariz
como negro atravesó tus sienes
Necesito correr
Ahora
Huir de la neblina.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

