Ya no me ahoga la presión del silencio. Sus garras
han dejado de rascarme los oídos
son un racimo de preguntas que florecen en el pecho,
sus frutos se desgranan
y mueren
y mueren
caen a un abismo infértil donde el eco es un nido vacío
que quiere un ave
para volar.
para volar.
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