ahora mi espacio está vacío, cuerpo sin calor;
colores nublados por el cristal al otro lado de las pupilas
que te guardan en secreto.
Si me hubieran dicho que la despedida sabría a impotencia
jamás te hubiera dejado partir del vientre.
Porque me queda una silla que no se mueve por este campo
al que se le ha secado el verde con el peso de los días.
¡Sé!
que no cruzarás el umbral de nuestra guarida
que esos cuervos comieron las migas de pan
y no hallará tu alma camino regreso al cuerpo.
Sé que no serás
el que explore con el viento esta casa fragmentada.
Nos faltan tus peleas, dice Pamela
sangrándose los dedos con el marco de la foto que estalla
por la fuerza de su abrazo.
Pero la imagen es plana y tú
eras una escultura milagrosa
en todas tus imperfectas facetas.
Ahora dime ¿cómo le digo?
¿Cómo le explico a ella que te extraña
que sólo eras un número vivo!
y te han dejado de contar.
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